En un rombo aguzado y profundo
Se instaló la lluvia de metano
Revolviendo los minerales que quedaban
Y envolviendo los últimos restos orgánicos
En ese mundo agónico
Del que tenía que volver a nacer vida
En un plazo infinitesimal para la creación
La vida se hacía esperar pues faltaba rellenar la atmósfera
Con el ozono protector
En un doble proceso de escudo y alimento
Para el carbono que había en la superficie
Ratones de porcelana atestiguaban la anterior existencia
Suicidas nada elegantes y cobardes
Si uno pudiese explorar encontraría restos por doquier
De la civilización “del amor” que se hundió en un mar de odio
Pero
A pesar de los esfuerzos virósicos de algunas de sus formas de vida.
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